Debates
13 de abril de 2026

Serie “Brasil visto por los líderes públicos”: Cármen Lúcia habla sobre democracia, desconfianza y el Supremo

En su intervención, Cármen Lúcia destacó el papel de las instituciones en la garantía de los derechos fundamentales y en la preservación del Estado democrático de derecho, subrayando la importancia de un Poder Judicial independiente, imparcial, confiable y comprometido con su función cívica.

“No puede haber democracia sin un Poder Judicial independiente y capaz de inspirar confianza en la sociedad”, afirmó la jueza del Supremo Tribunal Federal Cármen Lúcia durante una conferencia celebrada el 13 de abril en la Fundação FHC. “Eso no significa un Poder Judicial admirado por todos. Significa que la ciudadanía debe confiar en que los jueces deciden conforme a la ley y a su convicción honesta sobre lo que consideran correcto”.

Ante un auditorio en São Paulo, la magistrada sostuvo que la estabilidad democrática depende, en última instancia, de instituciones percibidas como imparciales, incluso en medio de profundas transformaciones políticas y sociales.

Al comienzo de su intervención, Cármen Lúcia defendió una mayor apertura entre los tribunales y la sociedad, y afirmó que los jueces no deben aislarse en Brasilia.

“Hoy, un lunes por la mañana, estoy aquí, en la Fundação Fernando Henrique Cardoso, conversando con ustedes”, dijo. “La rutina de un juez es intensa, pero de vez en cuando es necesario salir del tribunal, aceptar invitaciones públicas y, sobre todo, escuchar. Un juez que solo ve el mundo desde un despacho en Brasilia —quizá el peor lugar desde el que observar la realidad— corre el riesgo de perder el contacto con el país tal como es”.

Según la magistrada, la transparencia es esencial para preservar la credibilidad institucional. “Mi agenda es pública y cualquier persona puede consultarla”, señaló. “Cuanto más transparentes seamos, más saludable será tanto el Poder Judicial como la vida democrática”.

En el debate también participaron Celso Lafer, presidente de la Fundação FHC; Oscar Vilhena Vieira, profesor de Derecho Constitucional en la Fundação Getulio Vargas; y el politólogo Sergio Fausto, director ejecutivo de la institución.

Conferencia de Cármen Lúcia en la Fundação FHC – Foto: Vinicius Doti

Una crisis de confianza

Al abrir el debate, Oscar Vilhena Vieira se refirió a un documento elaborado por juristas vinculados a la fundación y entregado a finales de 2025 al presidente del Supremo, Edson Fachin. El informe proponía reformas destinadas a recuperar la confianza en la Corte en un momento en que las instituciones brasileñas atraviesan una creciente ola de escepticismo.

“¿Cómo ve usted el proceso de reconstrucción de la autoridad del Supremo?”, preguntó Vieira.

Cármen Lúcia respondió con cautela y reconoció tanto la gravedad de la crisis como la dificultad de evaluarla desde dentro de la propia institución.

“Como aprendí en casa cuando era niña, el pez no ve el agua”, dijo. “Cuando uno está inmerso en el torbellino —no solo de las críticas, sino también del enorme volumen de trabajo— resulta muy difícil tomar distancia y evaluar con claridad lo que está ocurriendo”.

La magistrada recordó además su etapa como presidenta del Supremo entre 2016 y 2018, un período que describió como uno de los más duros de su vida profesional. En enero de 2017, el juez Teori Zavascki, responsable de importantes investigaciones por corrupción, murió en un accidente aéreo cerca de Paraty. Semanas después, falleció el padre de Cármen Lúcia.

“Volví a Brasilia inmediatamente después del entierro para continuar celebrando audiencias”, recordó. “No me estoy quejando. Pero sé lo que significa estar sentado en esa Corte e intentar, todos los días, hacer lo correcto, con honestidad y conforme a la ley”.

Según la jueza, el deterioro de la confianza va mucho más allá del Poder Judicial.

“La democracia depende de la confianza: confianza en las instituciones, en la vida pública y en los demás”, afirmó. “Cuando yo era niña en Espinosa, en el interior de Minas Gerais, había tres figuras centrales en la ciudad: el alcalde, el sacerdote y el juez”.

Hoy, sostuvo, la sociedad brasileña se ha vuelto mucho más desconfiada, incluso en las relaciones personales.

“Mis padres me enseñaban que, si ocurría algo, debía buscar a un adulto”, dijo. “Hoy, muchos niños son educados para no confiar en nadie fuera de su núcleo familiar”.

La magistrada relacionó parte de ese cambio con las redes sociales y las nuevas tecnologías digitales, que, según afirmó, han debilitado los vínculos sociales e intensificado la hostilidad pública. “No existe una respuesta lista para esta crisis de confianza”, añadió. “Es algo que debe reconstruirse”.

Conferencia de Cármen Lúcia en la Fundação FHC – Foto: Vinicius Doti

“Yo no cambié al Supremo, pero el Supremo tampoco me cambió a mí”

Cármen Lúcia afirmó que el Supremo no puede permanecer igual, aunque reconoció que reformar instituciones moldeadas por décadas de cultura jurídica será un proceso lento y complejo.

“El mundo cambió, Brasil cambió y la interpretación constitucional se ha vuelto muchísimo más compleja”, afirmó.

La magistrada recordó que la Corte, pese a su relevancia institucional, sigue estando formada por “once seres humanos, con limitaciones, defectos y dificultades”.

Para mejorar la jurisprudencia constitucional, sostuvo, los jueces deben acercarse más a la sociedad. “La confianza depende del conocimiento”, dijo. “Las personas confían en aquello que conocen”.

También pronunció una de las frases más recordadas del encuentro:

“Yo no cambié al Supremo, pero el Supremo tampoco me cambió a mí”.

“Sigo siendo la misma persona que educaron mis padres”, añadió.

Un tribunal desbordado

Buena parte de la conversación giró en torno al enorme volumen de causas que enfrenta la justicia brasileña desde que la Constitución de 1988 amplió derechos y facilitó el acceso a los tribunales.

“La Constitución constitucionalizó prácticamente todo”, dijo Cármen Lúcia. “Desde el derecho ambiental hasta la administración pública y los derechos sociales: todo acaba llegando al Supremo”.

Brasil cuenta actualmente con unos 18.000 jueces y cerca de 80 millones de procesos pendientes, recordó la magistrada. Solo el Supremo acumula más de 20.000 expedientes activos.

“Se dice que los brasileños ya no confían en el Poder Judicial”, comentó. “Imaginen cómo serían esas cifras si realmente no confiaran”.

A fecha de 13 de abril, explicó, ella misma tenía bajo su responsabilidad 1.056 procesos.

“El tribunal está siendo sepultado por un volumen abrumador de causas”, afirmó. “Lo que se nos exige cada día roza lo milagroso”.

Nuevos desafíos para viejas instituciones

La magistrada también habló extensamente sobre los desafíos derivados de los cambios tecnológicos y sociales.

“Cada mañana despertamos ante preguntas que la humanidad nunca antes se había planteado”, afirmó.

Las redes sociales, sostuvo, han transformado el debate público y creado nuevas formas de castigo colectivo, especialmente entre los jóvenes. La inteligencia artificial plantea incertidumbres adicionales cuyos efectos aún son difíciles de prever.

También advirtió de que el debate sobre la libertad de expresión en internet ha sido progresivamente capturado por grupos de interés organizados.

“Nos enfrentamos a cuestiones inéditas”, afirmó. “Cambio climático, inteligencia artificial, derechos indígenas, la esfera pública digital: nuestras viejas herramientas jurídicas ya no bastan”.

Conferencia de Cármen Lúcia en la Fundação FHC. Al fondo, Oscar Vilhena Vieira y Sergio Fausto –
Foto: Vinicius Doti

Reforma y cultura política

Preguntada por Sergio Fausto sobre la posibilidad de reducir el número de asuntos constitucionales que llegan al Supremo, Cármen Lúcia admitió que cierta “desconstitucionalización” podría aliviar la presión sobre la Corte. Pero advirtió de que esas reformas enfrentarían enormes resistencias políticas.

“Todo el mundo quiere tener su propia cláusula en la Constitución”, observó.

Una alternativa más viable, sugirió, sería limitar el número de recursos que finalmente llegan al Supremo. Sin embargo, incluso esa posibilidad requeriría un cambio cultural más amplio.

“Cuando ejercía como abogada, escuchaba constantemente a los clientes decir: ‘Me dijeron que todavía se puede recurrir al Supremo’”, recordó.

La magistrada señaló que en el pasado apoyó propuestas impulsadas por el ex presidente del Supremo Antonio Cezar Peluso para permitir que determinados asuntos fueran resueltos definitivamente en instancias inferiores.

“En teoría, la gente está de acuerdo con la idea”, afirmó. “Pero cuando el caso es el suyo, nadie quiere renunciar a la posibilidad de una última apelación”.

En última instancia, sostuvo, la reforma institucional depende no solo de cambios legales, sino también de una cultura democrática más sólida.

“Sin educación cívica —sin una cultura democrática capaz de comprender los derechos y también los límites de las instituciones— estas reformas nunca llegarán a consolidarse realmente”, afirmó.

Miembro del Supremo Tribunal Federal desde 2006, Cármen Lúcia fue la segunda mujer en integrar la Corte. Presidió el tribunal entre 2016 y 2018 y actualmente también encabeza el Tribunal Superior Electoral.

Al cerrar el encuentro, Celso Lafer afirmó que el debate puso de relieve la importancia de la práctica constitucional para sostener las instituciones democráticas.

“A menudo analizamos estos temas desde fuera”, dijo. “Hoy tuvimos la rara oportunidad de escucharlos desde dentro”.


Otávio Dias es editor de contenidos de la Fundação FHC. Periodista especializado en política y asuntos internacionales, fue corresponsal de Folha de S.Paulo en Londres y editor del sitio web Estadão.